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El carnaval como excusa

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Ya nos hemos referido al Carnaval de los niños y jóvenes, un espacio que tiene objetivos más allá del carnaval en sí mismo. Una excusa para nuclear a niños y jóvenes en una actividad artística que puede ser el punto inicial del desarrollo de una vocación. Desde ese punto de vista, queremos compartir un artículo publicado en Mdiario del Carnaval, escrito por Maximiliano Xicart, profesor, dramaturgo, carnavalero.

Una generación de promesas

Muchas veces se ha hablado del Carnaval de las Promesas como una etapa de exploración, juego y escuela del Carnaval mayor. Cada vez más los que quieren y sueñan con estar arriba del escenario del Carnaval, hacen una pre temporada de años en las Promesas. Ahora, incluso, no se discute tanto ni la calidad de los espectáculos que se ofrecen en las Promesas, ni el histrionismo de los niños y adolescentes que se suben al escenario. Al contrario, se los observa tranquilos crecer y se les ofrece, incluso antes de tener la edad de cierre de esa etapa, para salir en el Carnaval mayor.
Hay una generación de treintañeros, entre los 28 a los 34 años, que comenzaron a principios del S.XXI, en un carnaval de las Promesas bien distinto al actual. Más corto y amateur, los primeros años de la década del 2000 nos acercaba a un Carnaval de las Promesas distinto. Comenzaba en enero, con su desfile el día de reyes. Había categorías que no existían, como la de Humoristas que hace su incursión en el 2001, y otras categorías que eran fuerte y hoy día están extintas, como las Escuelas de Samba.
Los primeros años del 2000 fueron vividos como una verdadera transformación del Carnaval, no sólo porque irrumpieron nuevos conjuntos, sino porque comenzó una práctica mantenida hasta el día de hoy, los técnicos de Carnaval mayor comenzaron a trabajar en las promesas. Algunos por militancia cultural, social y política, otros como una fuente laboral que comenzaba a abrirse, esta irrupción trajo aparejado un cambio sustancial en la calidad de los espectáculos y en el crecimiento artístico de los componentes. Ya nada fue igual desde aquel entonces.
Aquellos jóvenes, sin saberlo, estaban fundando una generación nueva y crearían una marca histórica en el Carnaval tanto de las promesas como en el Carnaval mayor. Algunos brillarían en esa etapa y luego desaparecierían, quedándoles el Carnaval como una experiencia inolvidable de su vida. Otros se harían periodistas, marcando también una tendencia nueva de ser los primeros comentaristas de Carnaval que vivieron la experiencia de ensayar, subir y hacer un espectáculo.
Otros consiguieron hacer su carrera, y encontraron lugar en los conjuntos de Carnaval mayor, de cualquier categoría, combinando algunos, incluso, murga joven con el Carnaval. Muchos de ellos, con el tiempo, dejaron de ser un componente más, y lograron convertirse en una figura destacada, premiada, y en muchos casos, en una referencia de la categoría.
Justamente de eso quería escribir, de una generación crecida en un país al borde del precipicio de la crisis, que se fascinó con una Carnaval de las Promesas que cambió para siempre y que construyó una forma de relacionamiento entre un carnaval y otro, que hoy en día es natural, pero que como todo en la historia tuvo su comienzo.
Esa generación, incluso, reivindicando quizás su historia y trayecto, decidió volcar sus primeras armas como técnicos en las Promesas, y así fue como el mismo carnaval que lo vio crecer como componentes, lo vio también crecer como técnicos. Esa es quizás una de las claves más increíbles del funcionamiento educativo, la generación que sale le enseña a la generación que viene. Muchos comenzaron allí a escribir sus primeros textos, a hacer sus primeros arreglos corales, coreografías, diseños de vestuarios, escenografías, puestas en escena, etc. Algunos incluso coordinaron o fueron dueños de conjuntos de las promesas, tan sólo con 20 y algo de años, mientras eran componentes en el Carnaval mayor.
Hoy día, ya en el final de la segunda década del S.XXI, esa generación ve como sus primeros componentes de las promesas, ya grandes, repiten su misma historia, y se convierten en técnicos y directores de los mismos conjuntos que aquellos primeros, pasando una posta que se instala y asegura, a priori, una permanencia y la construcción de una tradición.
Las Promesas ha servido, por lo tanto, como un lugar de preparación también para los técnicos. Dejaré por afuera a muchos, pero con esto me refiero a figuras como Martín Souza, Maxi Orta, Marcos Lacaze, Nicolás Telles, Andrés Pastorín, Tito Rodríguez, Fernando Olita, Esteban Flores, Fabricio Speranza, Javier Martínez, Nicolás Fernández, Martín Brizolara, etc. Incluso algunos de una generación más chica, pero que ya se están destacando como Jimena Vázquez, el “Ruso” González, Pablo Bonilla, Tabaré Martínez, Santiago Duarte, Clara Cristóbal, Maxi Méndez, Matías García, etc.
Poco se ha hablado de cómo estos componentes jóvenes crecieron y se convirtieron hoy día en técnicos, y dueños de conjuntos de carnaval, competitivos e innovadores.
Con todo lo anterior tampoco quiero reforzar la idea que el Carnaval de las Promesas deba su existencia sólo como una preparación para el Carnaval mayor. Las Promesas constituye una etapa en sí misma, con sus propios códigos, estilos, reglas, y debería ser, para la opinión de algunos, un espacio de intercambio y de encuentro con otros, no una mera competencia. Las Promesas, como mencioné al inicio, es un momento de jugar a ser carnavaleros, en que los niños y jóvenes ensayan, se disfrazan, se suben al escenario, sienten el aplauso y festejan. No se debería tomar como una preparación solamente, como un camino que conduce a febrero.
No obstante, no quita que para quienes deciden hacer del carnaval mayor una experiencia, las promesas ha sido todo un aprendizaje de un valor aún incalculable.
Es realmente increíble como en una ciudad tan carnavalera como la nuestra, el Carnaval no tenga un discurso histórico construido, me refiero al Carnaval contemporáneo y su relación y construcción en el imaginario social. El día que las investigaciones históricas produzcan sobre la fiesta de febrero, las Promesas deben pelear por ese espacio de la memoria, pues los futuros carnavaleros han crecido en los Teatros de Verano de enero.

Año 2000

 

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