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Lula, el "bon vivant" admirado por José Mujica

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Imagen: Lula junto a los Odebrecht

 

Emilio Odebrecht, padre de Marcelo Odebrecht -quien estuviera al frente de la empresa constructora mas grande de América Latina y está preso desde junio de 2015- brindó en sus declaraciones a la Justicia brasileña detalles del largo proceso de vinculación de estos poderosos empresarios con el expresidente y líder histórico del Partido de los Trabajadores, PT. La prensa brasileña recoge esta semana tramos destacados de esas declaraciones.

Odebrecht padre relata que conoció a Lula a fines de la década de 1970 a través de Mario Covas (político del PMDB ya fallecido). En esa época el empresario enfrentaba una huelga general en el Polo Petroquímico de Camaçari, en Bahía, y Lula, en aquel entonces dirigente sindical surgido de los metalúrgicos de San Pablo, “creó las condiciones para que yo pudiese tener una relación diferenciada con los sindicatos”, indicó.

“Él agarra las cosas rápido. Es un animal político, un animal intuitivo”, dice el empresario, señalando que siempre “apoyó a Lula”, con consejos y dinero. Destaca uno de los puntos de esa colaboración en la confección de la famosa “Carta al pueblo brasileño”, que se difundió en la campaña de Lula en 2002, donde fuera electo presidente por primera vez, como una fuerte señal para tranquilizar al sector financiero y empresarial de que sus intereses no serían tocados.

Emilio dijo que Odebrecht contribuyó a todas las campañas de Lula, pero que el líder petista nunca trató directamente sobre los montos a aportar. Cuando Lula se transformó en presidente, si Odebrecht enfrentaba algún problema Emilio iba al Palacio de Planalto para pedir la intervención del mandatario, y casi siempre era atendido.

En algunos casos, cuenta esta semana O Globo, Emilio necesitó sortear obstáculos que le colocaba la expresidenta Dilma Rouseff cuando era Ministra de Minas y Energía y después Jefa de la Casa Civil, y Lula actuó en pro de su amigo. Emilio sólo llamaba a Lula “Jefe”, pero aclara que no era una relaciónde “intimidad”: “solo estuve una vez en el apartamento de Lula cuando era sindicalista. Fue la mejor cosa que hice. Para él y para mí. En nuestra relación soy muy trasparente. Me gusta Lula, confío en él, lo valoro”.

BON VIVANT

A Emilio Odebrecht lo preocupó la posibilidad de reestatizaciones en Petrobras. Cuando ya se consolidada la chance de que Lula fuera electo, un día el empresario lo buscó y el líder petista le garantizó que no reestatizaría el sector petroquímico. Odebrecht recuerda un diálogo que mantuvo con el general Golbery Couto e Silva (reconocido militar retirado que formara parte del contingente brasileño que combatió en Italia en la Segunda Guerra Mundial). “Emilio –le dijo el alto oficial retirado- Lula no tiene nada de izquierda. Él es un ´bon vivant´. Gusta de la buena vida, gusta de una cachacinha, le gusta hacer las cosas y lo que mas quiere es ver la población carente sin prejuicios, esa que es la actitud más correcta, sin prejuicios de quien tiene. No es aquel asunto de quitar a unos para darle a otros. Esa es mi visión, y por eso tuve un alineamiento muy grande.”

Con Lula en Planalto, Emilio tenía la libertad de ir hasta el Presidente y reivindicar que los negocios hechos por la Petrobras en perjuicio de Braskem (subsidiaria de Odebrecht) fuesen anulados, lo que terminó ocurriendo. En otro caso, acudió a Lula para impedir que Petrobras comprase los activos de Petroquímica Ipiranga, lo que detonaría los planes de la subsidiaria de Odebrecht de expander sus mercados. Dos años después de impedirle al gobierno brasileño ese negocio la propia Braskem compró la Petroquímica Ipiranga.

Otro episodio es muy gráfico de esa relación entre los Odebrecht y el gobierno del PT. En el segundo mandato de Lula, en 2007, Emilio le planteó el problema que le surgió a la empresa por la obra de la hidroeléctrica de San Antonio, en el río Madeira. Una de las licencias ambientales que debían otorgarse por los organismos reguladores estaba trabada porque en la zona donde se proyectaba construír se daba la reproducción de bagres.

Le dije: “el país necesita de la energía, ¿y va a ser paralizado por causa del bagre? Usted debe tomar una decisión. Me preguntó si ya había hablado con la ministra Dilma y le dije que si, pero que era inocuo. Usted ya habrá percibido que no tengo mucha simpatía por ella, que es la dueña de la verdad. Es una pesimista en todo”, relató Emilio al procurador.

Lula se hizo cargo del pedido de la empresa y transformó el “episodio de los bagres” en una referencia frecuente en sus discursos sobre las demoras excesivas en la concesión de licencias ambientales. El caso marcó el debilitamiento de la entonces ministra de Medio Ambiente Marina Silva, que terminó dejando el gobierno.

Respecto a los aportes económicos a Lula y al PT Emilio garantizaba que se concretaran por las denominadas “caja 1” o “caja 2”, opciones “legales” o fuera de esos encuadres:

“Tenga la seguridad: Lula no conversaba conmigo sobre eso, sobre los montos. Pero quiero dejar una cosa muy clara. Cuando yo hablaba con Novis (Pedro, presidente de Odebrecht antes que asumiera su hijo Marcelo) y con Marcelo yo no daba la opción de dar o no dar. Yo decía: negocien, pero es para dar”.

Hay bastante más. Odebrecht cuenta que sobre fines de 2010, cuando Lula se aprestaba a dejar la Presidencia, la exprimera dama hoy falleciada Marisa Leticia pidió a través de un jerarca de la empresa que la firma ayudara a concluir las obras de la hacienda de campo en Atibaia, para darle una sorpresa cuando culminara su mandato.

El empresario explicó a los procuradores una sofisticada logística montada para cumplir ese pedido a través de varias obras de Odebrecht pero sin que la firma apareciese institucionalmente en la contrucción de la hacienda. La reforma costó mas de 700 mil reales.

Emilio Odebrecht también informó que la empresa financiaba conferencias de Lula como expresidente en países africanos, para que la imagen de la constructora quedase vinculada al reconocimiento internacional del líder petista y eso facilitara negocios. La empresa le pagaba los viajes en aviones fletados, hospedaje y demás gastos. Los honorarios de las conferencias eran definidos por Lula, variaban entre 150 y 200 mil dólares.

(en base a O Globo)

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