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Del pensamiento de Hegel a la revolución de Octubre

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Gonzalo Abella.

 

De Hegel  a Octubre (I)

 

La Revolución de Octubre de 1917 tiene varias “historias previas ” que la hicieron posible.

Una es la “historia previa” política y social, que surge de la lucha obrera y  cuya cumbre anterior había sido en Moscú en 1905. La teoría del Comunismo Científico, que fue la brújula de Octubre,  había sido desarrollada por Marx en décadas anteriores a la luz de la experiencia obrera acumulada. Fue la teoría adecuada para el momento adecuado.

Otra es la “historia previa económica”. En Inglaterra se desarrolló la Ley del Valor, clave de toda la Economía Mercantil, y Marx descubrió a partir de ella, la pusvalía.   Los dirigentes de Octubre, por lo tanto, ya sabían perfectamente cuál era la explotación que deseaban suprimir.

Y finalmente, está la “historia previa” de una filosofía cuyo marco permitió el desarrollo adecuado de la teoría revolucionaria. Aquí Marx y Engels se basaron en un gigante del pensamiento filosófico que se llamó Hegel.

Hegel vivió entre 1770 y 1831. Fue un acérrimo defensor del reaccionario estado  alemán de Prusia. Monárquico constitucionalista, germanófilo, profundamente religioso a su manera, sin embargo tuvo una genial intuición sobre el comportamiento de las leyes del mundo que lo rodeaba.

Como mucho después reflexionó Lenin, Inglaterra desarrolló el capitalismo, Francia lo cuestionó socialmente y Alemania, con Hegel, dio el marco teórico para comprender su movimiento, su desarrollo.

Hegel  demuestra lógicamente que en el Universo las contradicciones no son una anomalía, sino atributos necesarios, internos,  de cada fenómeno, y que estas contradicciones  son los motores del cambio a saltos que impulsa todo desarrollo.

Pero Hegel no llega a entender que estas leyes son originarias de la Naturaleza toda, y que también rigen el desarrollo de la Humanidad. Las ve como movimiento de Dios, cuyo soplo impulsa todo lo demás. Pero Dios no es totalmente libre. Como Idea Absoluta, sólo puede existir y desarrollarse si crea su contrario, el Universo natural imperfecto. Sólo puede demostrarse a sí mismo su propia perfección si existe lo imperfecto. Para ello enajena su esencia   y por necesidad lógica, crea ese Universo imperfecto que percibimos. Pero en lo imperfecto de su obra material, el Espíritu Absoluto crea al ser humano, que aspira a la perfección, a negarse a sí mismo como imperfecto. La Idea Absoluta vuelve a ser, a reencontrarse, en la elevación del ser humano que se eleva hacia la Idea. La Idea Absoluta, el Espíritu Absoluto, sólo lo es  plenamente después de conocer  su contrario

Pero no todos los seres humanos llegan a la Idea;  un campesino debe dedicar tiempo a la materia, mientras que el aristócrata puede elevarse cultural y espiritualmente mucho más. Un esclavo no tiene vocación de elevarse, por eso es esclavo. Esta es la parte reaccionaria del pensamiento de Hegel. Su aporte revolucionario es el método que propone.  

Unidad y lucha de contrarios (en la Idea y en cada objeto), acumulación cuantitativa que culmina en un salto cualitativo (en la Idea y en la naturaleza, que es su reflejo imperfecto) y , negación de la negación (cada cambio en calidad termina, en su movimiento, reproduciendo elementos de la etapa anterior) ; he aquí las leyes del movimiento universal y su dialéctica.

Pero si el movimiento es eterno, si cada nueva calidad es la historia de las acumulaciones previas,  si todo cambia ¿De dónde sacó Hegel que el Estado Prusiano es eterno? ¿Por qué la Idea absoluta no puede optar por una formación estatal diferente, superior? Y más aún: si el movimiento en la naturaleza y en la Sociedad tiene leyes propias, internas, lógicamente necesarias ¿Dónde queda la voluntad de Dios?

Los jóvenes alumnos de Hegel se hicieron estas preguntas y empezaron a cuestionar la religión oficial y al propio Estado. Marx se vinculó a ellos y finalmente los superó. Ya llegaremos a eso.

 

 

De Hegel a Octubre (II)

 

A comienzos del siglo XIX los trabajos filosóficos de Hegel causaron un terremoto intelectual en Alemania. Por un lado era un defensor del Estado Prusiano y de la superioridad intelectual de los terratenientes sobre campesinos y esclavos. Por otro lado, al demostrar que todo está en constante transformación, en realidad estaba admitiendo, sin proponérselo, que también el Estado iba a transformarse radicalmente. Su lógica dialéctica fundamentaba, sin quererlo, la inevitable revolución, copia imperfecta (según él) del movimiento a saltos que se da  primero en  el mundo de las ideas.

En el ambiente sofocante de las universidades prusianas, los jóvenes con ideas democráticas vieron en Hegel una grieta en el dogmatismo  oficial.   Pero como intelectuales, hijos de burguesía, pensaban que la verdadera traba a la Libertad estaba en la religión opresora, y no en la propiedad privada ni en  las relaciones injustas de producción.

Strauss, en “Vida de Jesús” dice que la religión es tan sólo el ropaje ingenuo de las aspiraciones  popular. Bruno Bauer en su “Crítica  a los Evangelios sinópticos”  (o sea al Evangelio según Marcos, Mateo y Lucas) va más lejos y dice que la religión es una mentira. Pero el “joven hegeliano” más estacado fue Ludwig  Feuerbach (1804-1872). 

Feuerbach escribió en 1839 su “Crítica a la filosofía del derecho de Hegel” pero su obra más importante fue “La Esencia del Cristianismo”. Una vez más, como en Strauss, como en Bauer, la lucha por la libertad se centra en el plano de las ideas, y no en el campo social.

Esto no significa que Feuerbach no se preocupe por un cambio democrático; cuestiona al capitalismo donde coexisten lo malo y lo bueno, y propone que “el amor” lo transforme en una sociedad mejor. Feuerbach decía que si el ser humano sólo fuera intelecto, no sería supersticioso; pero como también ama, sueña, tiene miedo a la muerte, inventa la religión que sirve a los poderosos.  Llama “egoísmo colectivo” a la lucha por mejoras de un sector social, y ve este “egoísmo colectivo” por oposición  al egoísmo individual capitalista, como algo positivo para que el amor promueva los cambios necesarios, empezando por criticar la religión y avanzando así hacia la libertad.

En 1841, cuando Feuerbach escribió “la Esencia…” el joven Marx, hijo de intelectuales progresistas, prestó mucha atención a estos trabajos. El joven Engels, hijo de una familia capitalista y reaccionaria, terminaba ese año su servicio militar y  se trasladaba a Inglaterra, para administra la fábrica que allí tenía su padre  con un socio inglés. Engels se enamora de una obrera “cartista” (partidaria de ese  movimiento obrero que exigía acuerdos escritos con las patronales)   y también él volverá los ojos a los jóvenes hegelianos de su patria, creando un gran escándalo en su familia.

Pero los “jóvenes hegelianos no pudieron superar su propia barrera de clase social. Feuerbach, atacando la postura reaccionaria  de Hegel, también atacó el método dialectico. No podía comprender el aporte que la dialéctica suponía para la teoría revolucionaria porque no era revolucionario. La dialéctica, decía,  es solo retórica, un diálogo entre dos, y sólo funciona en el terreno especulativo.

Feuerbach quiere liberar al ser humano (“al hombre” como se decía  entonces) del dogma religioso, levanta una visión antropológica (así la llama) de la Humanidad. Enfrenta los dogmas de Kant, filósofo anterior, quien había afirmado que los valores existen antes que el ser humano, que son “imperativos categóricos” impuestos por Dios. Los “jóvenes hegelianos” fueron un soplo de libertad;  pero las leyes de la dialéctica, esa terca reina de todo movimiento,  hicieron que el pensamiento revolucionario llegara a nuevas síntesis. La Revolución  tomó de aquellos jóvenes la actitud crítica y valiente, y de su maestro reaccionario, las leyes que orientan el plan transformador.

 

 

De Hegel a Octubre (III)

 

Por 1840  el mundo académico se había familiarizado con la dialéctica de Hegel. Dios es movimiento y transformación, y su Creación también. Todo lo que existe se transforma.

Sus jóvenes alumnos, burgueses y rebeldes, habían aprovechado esta afirmación para  cuestionar los dogmas inmutables de la Iglesia y del Estado. Pero llegaban hasta allí. La   Sociedad moderna se rige por la Ley del Valor, como toda sociedad que produce mercancías, y pensaban que esta Ley ya era eterna e inmutable.

El incipiente movimiento obrero estaba al margen de este debate.  Tuvo  sus primeros mártires en 1819 en Manchester, en 1831 en Lyon, en 1844 en Silesia. En Inglaterra había formado el Partido Cartista que exigía garantías escritas para sus condiciones de  trabajo. 

Hubo dos jóvenes que unieron él método de Hegel y lo más avanzado de las ciencias naturales y sociales, poniéndose al servicio de los trabajadores. En pocas décadas lograron desarrollar la concepción del mundo que reflejaba el nuevo protagonismo obrero, una concepción que al analizar multilateralmente la realidad, era la herramienta teórica para transformarla.

Marx (1818) provenía de una familia de intelectuales; Engels (1820) era hijo de un industrial alemán con empresas en Gran Bretaña. Marx se casó con una mujer de origen noble que  compartió  su pobreza;  Engels  se enamoró de una obrera y fue el que se las arregló para que los cuatro sobrevivieran en los momentos más duros.

Cuando Engels  cumplía el servicio militar en Prusia, ya Marx estudiaba  filosofía griega; se interesó por el ateísmo de Demócrito, y por el mito de Prometeo, co0ndenado por  enseñar a los hombres el secreto del fuego. En 1842 Engels se instaló en Manchester y allí cambió su perspectiva de la vida. Los “jóvenes hegelianos” influyeron sobre ambos.

En 1842 Marx escribía en “La Gaceta del Rin” y por sus posturas democráticas fue perseguido y debió trasladarse a París. Allí, en 1843, comiendo salteado, escribió en los “Anales franco alemanes”. Estaba todavía influido por Feuerbach pero ya cuestionaba su antropologismo inmutable. La realidad del ser humano, señalaba Marx por entonces, está sujeta a  cambios. Intenta aplicar la dialéctica a la comprensión de la Historia. Sostiene que la confrontación de clases llevará a una revolución social, cuyas características aún no se le aparecen muy definidas.

Engels conoció a la clase obrera en la fábrica de su padre; Marx acompañó a los trabajadores de  los viñedos del Rin. Engels aportó al amigo un mayor conocimiento sobre la clase obrera; Marx, demostró que su fuerza de trabajo se vuelve una mercancía más, por el desarrollo pleno de la Ley del Valor.   

La teoría “marxista” no surgió completa en una noche.   En 1844 Marx escribe contra las limitaciones de los “jóvenes hegelianos” y en especial contra Bruno Bauer. Sus manuscritos económicos y filosóficos de ese año muestran ya una evolución vertiginosa. Pero mientras no haya un laboratorio real, un intento de revolución en serio, la teoría no podrá enriquecerse con el necesario análisis del papel de la clase obrera. Este papel recién se percibió  fugazmente en 1848 y plenamente en 1871. Sólo después, la teoría revolucionaria de ambos pudo completarse.

Pero volvamos al período anterior. En  1845 Marx escribe las “Tesis sobre Feuerbach” donde cuestiona la filosofía contemplativa de éste y llama a transformar el mundo. En 1846 Marx y Engels escriben “la Sagrada Familia”, una ironía sobre Bruno Bauer y sus seguidores. El título enfurece al piadoso padre de Engels que amenaza una vez más con desheredarlo. Marx y Engels sostienen allí que el capitalismo no es una “deformación de la Historia” como sostenía Bauer, sino una etapa necesaria del desarrollo de la Humanidad.

En 1848 la ola de revoluciones democrático-burguesas en Europa puso  a prueba el papel del proletariado. Para Marx y Engels fue un extraordinario salto adelante en su comprensión de la dialéctica desde su verdadera fuente, la dialéctica de la realidad.

En 1848 la ola de revoluciones democrático-burguesas en Europa puso  a prueba el papel del proletariado. Para Marx y Engels fue un extraordinario salto adelante en su comprensión de la dialéctica desde su verdadera fuente, la dialéctica de la realidad.

 

De Hegel a Octubre (IV)

 

En 1847 Europa estaba preñada de revolución. La burguesía desplazaba a la aristocracia terrateniente del poder real, y las monarquías, para sobrevivir, iban aceptando esta realidad.  Pero la burguesía ya no era la ardiente juventud mercantil y manufacturera de la Revolución Francesa; ahora era capitalista y temía a una revolución demasiado radical. Entre los excluidos, que ya habían mostrado su fuerza en 1793, había ahora proletariado organizado.

En 1847 Marx y Engels se incorporaron a Liga de los Comunistas que fue el embrión de la futura  Asociación Internacional de los trabajadores.  En 1848 se les encomienda la redacción del “manifiesto del Partido Comunista”. Allí se expone por primera vez la visión dialéctica de toda la Historia de la Humanidad. Faltan aún muchos aspectos, pero es extraordinario todo lo que ya aporta este documento. Por primera vez se habla allí de la misión histórica del proletariado como sepulturero de todas las formas de opresión. Para ello, los proletarios de todos los países deben unirse y conquistar el poder político en cada país.

Engels escribe en 1848 sobre la revolución y la contra revolución en Alemania y empieza a buscar material sobre el tiempo de Lutero y los levantamientos campesino. Son nuevos insumos para completar el cuadro de la dialéctica de la Historia. Marx en 1852 escribe “Las luchas sociales en Francia entre 1848 y 1850” y “El Dieciocho brumario de Luis Bonaparte” Allí, para hablar del sobrino de Napoleón (que después sería trascendente en el futuro de Francia) Marx usa  irónicamente el calendario de la revolución francesa, que en el siglo anterior le había cambiado a los meses los nombres romanos (julio, agosto) por Termidor, Floreal, Brumario, etc.

En 1850 Marx empieza a estudiar la plusvalía que el capitalista obtiene del obrero. Su fuerza de trabajo se vuelve una mercancía especial, que cuando se compra y se usa en largas jornadas produce otras mercancías de más valor que el suyo propio.

Marx y Engels dan por entonces un salto cualitativo en su pensamiento, reflejo de los saltos cualitativos que exhibe la realidad política y social. Advierten que, sin poder obrero, sin gran industria emancipada del capital, la vuelta a la pequeña producción generaría espontáneamente diferenciación en el mercado y la vuelta al capitalismo.

En 1852, en una carta a Weydemayer,  Marx ya dice que el proletariado no debe solamente tomar el poder, sino desmantelar la vieja máquina del poder;  define como necesaria la “dictadura del proletariado”.

El capitalismo, mientras tanto, sigue su expansión vigorosa. La máquina a vapor cambia el transporte terrestre y el marítimo, y cambia la guerra, acelerando el  desplazamiento de los ejércitos por  ambas vías.

La clase obrera debe apoderarse  de la ciencia, arma del desarrollo capitalista; el futuro Comunismo debe ser “científico”. La necesidad de ocuparse de la organización política de la clase obrera y al mismo tiempo monitorear los avances de la Ciencia era algo muy  complejo. Para estudiar Economía, Marx y Engels ya no necesitaba de fuentes burguesas, y para  la historia de Europa y USA tampoco;   pero los textos accesibles sobre América Latina y Asia los indujeron a una errónea visión sobre Bolívar y sobre el sentido de los acontecimientos en México y en la India. El libro de Darwin (1859) les dio claves esenciales, pero traía de contrabando desviaciones racistas que no advirtieron de inmediato.

En 1864 Marx y Engels participaron activamente en el nacimiento del primer partido obrero mundial, la Asociación Internacional de Trabajadores. La internacional tuvo su himno desde el conmovedor año de 1871, himno que se entona hasta hoy, pero en 1864 sus fundadores  entonaron “la Marsellesa”.

Dejemos aquí por ahora a Marx y  Engels,  enfrentados, en el seno del partido obrero internacional, a las corrientes anarquistas de Bakunin, a las reformistas de Proudhon y Lassalle, y al inmediatismo insurreccional de Blanqui. Adelantemos que Marx ya preparaba una nueva bomba conceptual que estallaría en 1867: el primer tomo de “El Capital”  

 

De Hegel a Octubre (V)

 

En  1848 Marx y Engels ya habían madurado su doctrina revolucionaria. Partiendo de un enfoque científico habían llegado a una concepción filosófica  “materialista”: la materia es eterna, no fue creada. Esto los situaba como opuestos a Hegel, para quien la Idea Absoluta fue la  creadora del Universo.  Pero Marx y Engels advirtieron que las leyes del movimiento, que Hegel atribuía al Espíritu Absoluto, eran en realidad  las leyes de toda transformación, de la evolución a saltos del Universo material y de la evolución a saltos de la Humanidad. Hegel tenía toda la razón acerca de cómo se produce el movimiento, el cambio en calidad. Esta lógica aplicada al Universo explicaba la evolución del Cosmos, y aplicada al desarrollo social  demostraba la necesidad de la revolución, ese gran salto entre las formaciones socioeconómicas sucesivas.

También las revoluciones del 48 les habían demostrado el papel conductor que tendría el proletariado en la próxima revolución social y el miedo que ya le tenía la burguesía capitalista. Ambos comenzaron a revisar críticamente todas las ciencias de su tiempo para ponerlas al servicio de la revolución proletaria. Se dividieron el trabajo y Marx se dedicó principalmente a la Economía.

Un Comunismo científico requiere una propuesta científica sobre la propiedad de los medios de producción. Al desmantelar la máquina del Estado burgués ¿cómo desmantelar la propiedad? ¿Cuáles son los mecanismos económicos que deben cambiarse de inmediato y cuáles requieren un tratamiento evolutivo en el período de transición, después de la toma del poder? 

No se puede cambiar lo que no se conoce. La Economía, tal como la describían los clásicos, parecía basarse en fórmulas matemáticas simples e indicadores de equilibrios, crecimientos y  crisis, pero en realidad tenía contradicciones ocultas y conflictos en desarrollo. Sólo su enfoque a la vez materialista y dialéctico hegeliano permitió a Marx describir multilateralmente la acumulación originaria, los ciclos, las crisis y los callejones sin salida, los techos del desarrollo del capitalismo.

Marx empieza por estudiar la mercancía, que es el ladrillo básico del capitalismo. Para serlo, tiene que tener algún valor de uso y ser fruto del trabajo, lo que le da valor de cambio. Luego ubica la mercancía en su circulación, en el movimiento del mercado, en  la acumulación. Marx se detiene en esa mercancía especial que es la fuerza de trabajo proletaria y su capacidad de producir mercancías de mayor valor que lo que se le retribuye, que no es el valor de las mercancías que produce el obrero  sino su costo propio de vida pobre, su alimento y abrigo personal y familiar. En creciente complejidad, asomándose a la realidad compleja, Marx demuestra por ejemplo por qué la formación de precios para una mercancía concreta se separa a veces del verdadero valor, pero que en su conjunto los precios de todas las mercancías equivalen al valor de todas ellas.       

El método de exposición es también dialéctico. De lo concreto y complejo (la producción en el capitalismo), por análisis e inducción, se aísla lo simple y abstracto: el concepto de mercancía. Desde lo abstracto y simple  (la mercancía) por deducción y síntesis, se vuelve  a lo complejo y concreto (el ciclo productivo) pero en una nueva comprensión multilateral. Recuérdese que en Hegel la Idea Absoluta (lo simple y abstracto) crea y recorre el mundo material (lo complejo y concreto) para volver a sí mismo en una nueva comprensión de sí misma, como Espíritu Absoluto.

El movimiento obrero más consciente empezó a estudiar “El Capital”. Vio en él un retrato de su propia situación, pues Marx en algunos capítulos deja la frialdad expositiva para dar ejemplos conmovedores de la vida obrera, quizás con el aporte silencioso de Engels. Pero además El Capital enseñó a los obreros conscientes el método dialéctico, que es el marco teórico adecuado para interpretar los acontecimientos que se avecinaban. Muy a tiempo: en 1871, como veremos, surgió la Comuna de París. 

 

De Hegel a Octubre (VI)

 

Con la edición del primer tomo de “El Capital”, en 1867, culminaba en lo fundamental la construcción colosal de la teoría revolucionaria de Marx y Engels. Pero esta construcción debía seguir desarrollándose tanto por su dinámica interna como (principalmente) por el desarrollo del mundo material y social que esta teoría reflejaba.

En este desarrollo, la dialéctica del viejo Hegel seguía rigiendo la lógica de los saltos a delante y permitía enfrentar las nuevas preguntas que cada respuesta anterior disparaba.  Como una expresión más de la unidad y lucha de contrarios, la lógica y el método del idealista Hegel seguían presentes en la visión materialista dialéctica  de Marx y Engels.

En 1871 Napoleón Tercero es derrotado por Prusia. Francia se rinde, pero los obreros de París, armados para la guerra como Guardia Nacional de la Comuna urbana, deciden resistir, y forman el primer gobierno obrero de Europa.  La Comuna finalmente fue aplastada por la acción militar conjunta del ejército alemán y el francés,  pero enseñó desde la práctica a la teoría. Desde ese  punto de vista su experiencia fue un avance significativo en la comprensión del funcionamiento real de la lucha de clases, cuando se agudiza la contradicción entre burguesía y proletariado.

La Asociación Internacional de los Trabajadores dio un apoyo incondicional a la Comuna. Marx y Engels coordinaron la ayuda dispuestos a viajar a París, pero la derrota llegó primero. Las enseñanzas fueron claras: ante todo, sse confirmaba la capacidad del proletariado organizado y se demostraba la ética proletaria: los representantes obreros de cada barrio podían ser destituidos de inmediato por sus electores y su sueldo no podía ser mayor que el de un obrero. SE detectaron dos insuficiencias; no asaltar el Banco de Francia, dejando las finanzas en manos burguesas, y no buscar el apoyo campesino.

Ya en 1871 Marx hace el balance  de la Comuna en su extraordinario trabajo “la Guerra Civil en Francia”.  Engels escribió después sobre este tema, con su brillante ironía,  que el canto obrero, sin el coro campesino, termina entonando un canto fúnebre.

Hoy estos temas están presentes en cada programa revolucionario, pero fue la práctica revolucionaria de la Comuna que enriqueció en estos sentidos  la teoría, y fue la humildad de los fundadores que posibilitó la incorporación  a su doctrina de lo que la clase obrera les enseñaba.

En 1872 la reacción furiosa de la burguesía europea logró la disolución de la Internacional. Muchos partidos obreros, para evitar la represión, hicieron concesiones programáticas inadmisibles. Marx y Engels justificaban que en el programa de un partido obrero legal no se diera todo, pero jamás que se revisaran los principios revolucionarios. En 1875, Marx publica su “Crítica al Programa de Gotha” de la social democracia alemana. (Los partidos revolucionarios, por entonces, se llamaban socialdemócratas. En su “Crítica….” Marx desarrolla la idea del período de transición entre el Capitalismo y el Comunismo, al que vuelve a llamar “dictadura del proletariado”.

La lucha por la formación de una Segunda Internacional no cesa, pero si las ciencias avanzan, el materialismo dialéctico debe buscar interpretarlas y aplicarlas desde el punto de vista del proletariado revolucionario.

Engels va especializándose en  la ciencia y el arte militar y presta atención a los cambios en la  lucha urbana, pero también se ocupa de las Ciencias Naturales. Cuestiona a Clausius quien en 1860 había preanunciado la muerte térmica del universo . ”Siguen formándose estrellas” comenta Engels, adelantándose a un debate que continúa hasta hoy.

En 1876 Engels escribe “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” en cuyas páginas podemos advertir cuánto ha avanzado a ciencia desde entonces, pero cuán geniales eran las hipótesis de Engels  basadas en el materialismo dialéctico e histórico.

Mientras tanto, la  salud de Marx declinaba notoriamente.

 

De Hegel a Octubre (VII)

 

A partir de los años 80, Engels es el principal expositor de la teoría revolucionaria que había fundado con Marx. Este último sigue trabajando en el segundo tomo de El Capital que lo absorbe casi totalmente. Dese luego, ambos siguen colaborando con la reorganización del movimiento obrero.

La vida no había sido fácil para ninguno de los dos. Siempre hostilizados por los poderosos, y en debate permanente con otras concepciones socialistas, Marx había sufrido la muerte de su único hijo varón por falta de alimentación adecuada. Su mujer y sus hijas lo apoyaron siempre, pero el apoyo económico de Engels fue lo que salvó su vida. Cuando murió la compañera de Engels, Marx le envió una larga carta en cuyas dos primeras líneas le da sus condolencias y de inmediato pasa a plantearle problemas teóricos. “Me sorprende tu frialdad” se queja Engels, pero no es frialdad: es pasión indomable por la  lucha de ideas. A los pocos días, Engels vuelve a acompañar esa pasión común.

En 1875 Engels escribe su “Introducción  a la dialéctica de la Naturaleza” El mundo material se mueve por sí mismo, pero sujeto a las leyes del movimiento que un siglo atrás describiera Hegel.

En 1878 nuevamente las corrientes doctorales y moderadas en la socialdemocracia cuestionan la postura materialista dialéctica. En respuesta Engels escribe el “Anti Dühring” dirigido contra Eugene Duhring, socialdemócrata que defiende un concepto abstracto de la Justicia. La Justicia, según Dühring es “neutral”, está  por encima de la lucha de clases. En su trabajo Engels desnuda la naturaleza “de clase” de la justicia burguesa y describe los fundamentos del materialismo dialéctico con la visión que le dan 30 años de trabajo teórico y de acción práctica en la lucha obrera. Dühring es el precursor del  “reformista” Bernstein.

En 1883 muere Marx. “Marx era un genio; nosotros, a lo sumo, hombres  de talento” comenta ante su tumba en Londres.  Y ya el año siguiente, Engels escribe “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Toda  la información científica que llega, en este caso de la evolución primitiva de la Humanidad, Engels lo enmarca en la concepción materialista dialéctica y materialista histórica.

En 1889 se reorganiza la Asociación  internacional de los Trabajadores, pero en esta Segunda Internacional” ya Engels, de 69 años,  va quedando en minoría ante las fuerzas “moderadas” de un socialismo reformista y tolerable para la burguesía. Vienen tiempos nuevos en Europa y el vórtice revolucionario se desplazará de Occidente a  Oriente, aunque todavía nadie explica  por qué.

En 1890 Engels escribe dos cartas fundamentales a sus amigos Joseph Bloch y Konrad Schmidt. Éstos decían que la ideología del pueblo es un reflejo mecánico de la ideología dominante. Engels, como ellos,  reconoce la prioridad de la base material en su vínculo con la superestructura de las ideas (ya Marx había dicho que cada ser humano es el conjunto de sus relaciones sociales) pero advierte que existe una relativa independencia, un vuelo  propio, con cierta autonomía, del pensamiento de la Humanidad y especialmente de los representantes más lúcidos de las clases  revolucionarias. Si no fuera así, si no se pudiera lograr este espíritu crítico, se pregunta,  ¿para qué luchar en el plano de las ideas?

Engels comprende que sus antagonistas en filas del movimiento obrero pueden mellar el filo revolucionario, y transformador de la doctrina, pero que en el otro extremo algunos de sus seguidores pueden caer en un esquematismo peligroso e inoperante; de ahí la importancia de estas cartas que son un verdadero legado, porque Engels muere en Londres en 1895.

Marx y Engels dejan un movimiento obrero europeo organizado y maduro, con fuerte arraigo electoral especialmente en Alemania y Francia. Pero Hegel, desde su tumba, hará una guiñada dialéctica al futuro: en el seno de esta socialdemocracia europea se introducirá una vez más la lucha de contrarios. La ideología burguesa se infiltrará con discurso “moderado” y la clase obrera tendrá que forjar nuevos hombres y mujeres que la conduzcan en la senda  de la revolución.

 

de Hegel a Octubre (VIII)

 

Fallecidos Marx (en 1883) y Engels (en 1895) la dirección del partido obrero mundial (Segunda Internacional) se apartó de la lucha revolucionaria. Los partidos Socialdemócratas se volvieron reformistas. ¿Cuál fue la causa?

El capitalismo había entrado en su fase imperialista. Al expandirse el poder de los monopolios por el planeta, ahora el capital obtenía cuotas muy elevadas  de plusvalía explotando proletarios de países lejanos. Por eso en Occidente el capital pudo sobornar a una capa de los obreros, elevando sus salarios y diferenciándolos del resto. Esta “aristocracia obrera” fue la base social del nuevo reformismo en la Segunda Internacional,  en muchos partidos socialdemócratas y en grandes sindicatos y “tradeunions” de Alemania e Inglaterra.

¿Qué respuesta práctica dio el materialismo histórico y la teoría de la revolución a esta nueva situación? ¿Cómo se expresó en el campo de la Filosofía esta capa social reformista?

Los continuadores consecuentes de Marx y Engels advirtieron las primeras señales de descomposición y las enfrentaron una por una. Poco a poco comprendieron que tantas señales de desviación en el plano teórico y en la práctica no podían ser casuales. El abandono de las posiciones revolucionarias era acompañado por nebulosas doctrinas filosóficas. Una vez más, la teoría evolucionaría debía dar respuestas. En el nuevo auge revolucionario mundial de 1900, y en la víspera de un conflicto inter imperialista mundial, hubo que ocuparse nuevamente de la Filosofía.

Lenin, el jefe del proletario que hizo más en la práctica,  fue el aportó más respuestas teóricas. Sin ellas, la lucha obrera no se hubiera detenido, pero la Revolución de Octubre no hubiera triunfado.

Tal como ocurrió con Marx y Engels, el aporte leninista se fue elaborando por años. En este aporte, según la ley de la negación de la negación, que descarta toda negación absoluta, también la lógica de Hegel estuvo presente

En manos de monopolios extranjeros en Rusia se desarrollaba, lentamente,  el capitalismo; pero su economía seguía siendo abrumadoramente campesina y tradicional. Muchos pensaban que la comuna campesina sería la protagonista del cambio social. Lenin, con una visión dialéctica y teniendo en cuenta el movimiento, las tendencias, advirtió que el capitalismo terminaría dividiendo al campesinado tradicional en un sector enriquecido, cada vez más próximo a la aristocracia terrateniente,  y un sector mayoritario cada vez más expropiado.

Lenin demostró que el capitalismo y sus consecuencias ya eran irreversibles. Para verificarlo hizo un trabajo estadístico minucioso que culminó en su libro “El desarrollo del capitalismo en Rusia” publicado en 1893 en San Petersburgo. Los cambios cuantitativos  preparaban el gran salto cualitativo, inevitable, hacia el desarrollo del capitalismo en el campo, ya fuera por la vía lenta de los “junkers” prusianos,  sin tocar las grandes extensiones, o por la vía de los “farmers” norteamericanos, avanzando hacia el Oeste y repartiendo la tierra expropiada a los pueblos originarios.

Muchos años después el partido de Lenin demostró el extraordinario manejo de la dialéctica aplicada  a la lucha de clases, apoyándose en los campesinos pobres  de las comunas, promoviendo su organización productiva y la defensa de sus conquistas, demostrando que la “negación dialéctica “ de la comuna tradicional se complementa con la “negación de esa negación” en el movimiento cooperativo-koljosiano.

Pero volvamos a los años anteriores a 1917. En Rusia el movimiento obrero llegó  a la Insurrección armada en 1905. Florecieron los consejos independientes (soviets) de obreros y soldados en el frente de guerra que desobedecían a las autoridades.  La revolución fue derrotada en 1907 y le siguieron años de terrible represión. Y allí se vio que también en Rusia la influencia reformista de la Segunda Internacional estaba influyendo en muchos dirigentes, que renunciaron definitivamente a la lucha. Entre los exiliados surgió un revisionismo filosófico que c obró extraordinaria fuerza. Había que interpretar y enfrentar ambos fenómenos. También en ese plano,  como veremos,  Lenin  y la fracción mayoritaria del partido obrero (fracción bolchevique) jugaron un papel decisivo.

 

 

De Hegel a Octubre (IX)

A  veces los grandes descubrimientos tienen efectos inesperados para sus autores. La Ciencia de la Lógica del muy religioso  Hegel, por ejemplo,  permitió comprender el movimiento material del Universo,  a través del materialismo dialéctico; permitió entender las tendencias en el desarrollo de la Humanidad, por el materialismo histórico; e impulsó el método dialéctico del conocimiento de la realidad, fundamentando la estrategia de la revolución social.

La obra cumbre de Marx, “El Capital” se centra en la Economía Política, pero al emplear el método dialéctico hegeliano refleja los nexos de las Relaciones de Producción con todos los hechos sociales y con el movimiento revolucionario.

Mediante la lectura atenta de El Capital, Lenin encuentra el método para escribir “El desarrollo capitalista en Rusia” (1898)  y dos aportes filosóficos fundamentales: “Materialismo y Empiriocriticismo” (1905) y “Cuadernos filosóficos” (1915). También la dialéctica permitirá a Lenin en 1917 escribir (entre otros innumerables aportes) el documento sobre estrategia que es el más extraordinario, creativo, certero e impactante: las Tesis de Abril.

En 1907 el levantamiento obrero es aplastado en Rusia y las ideas “moderadas” cobran fuerza, demostrando que la derrota no era sólo militar. La Segunda Internacional sostenía que la insurrección había sido un error, que había que aprender de los partidos social- demócratas europeos y su estrategia exclusivamente parlamentarista. Para ello había que negar filosóficamente el método dialéctico, que fundamentaba el salto en calidad como asalto al poder. 

Lenin recorre el exilio ruso para enfrentar la filosofía del relativismo y la ambigüedad, especialmente en su corriente de moda llamada “Filosofía de la crítica de la experiencia” o “Empirocriticismo”. Ya en su anterior destierro siberiano, Lenin había advertido contra estas desviaciones, cuando firmó la “protesta de los socialdemócratas rusos”, pero ahora, con olor a la pólvora reciente de 1905, donde s e movió clandestino en Píter y en Moscú, hizo de su residencia temporal en el extranjero una tribuna militante contra el revisionismo filosófico. Éste había ganado circunstancialmente a valiosos compañeros y ganado definitivamente a los menos firmes.

La Teoría de la relatividad de Einstein era usada para argumentar contra el materialismo dialéctico. ¿Dónde había quedado esa materia universal, ni creada ni destruible, que fundamentaba la filosofía marxista? ¿Acaso la masa no se transforma en energía? ¿Acaso el electrón no cambia su masa según la velocidad? 

Lenin en “Materialismo y empiriocriticismo” da una respuesta esencial: la “masa” no es toda la materia. Las diferentes formas de energía también son parte del Universo material. La   materia es una categoría filosófica con la que hacemos referencia a todo el mundo exterior, que existe, lo conozcamos o todavía no.

Hoy sabemos que los trabajadores no necesitan ser unánimemente materialistas dialécticos, a condición que comprendan y actúen de acuerdo  a la dialéctica de los hechos;  pero la teoría científica que orienta la estrategia debe apoyarse en el conocimiento objetivo de  las leyes del desarrollo, desterrando de allí todo  espíritu mágico o sobrenatural. El jefe proletario, más allá de sus creencias personales  debe ser un materialista dialéctico e histórico en la teoría y  en su práctica revolucionaria.

Cuando resurgió la ola revolucionaria en Rusia, Lenin preparó su regreso. En contacto permanente con los camaradas del interior, produciendo teoría, organizando las redes de la comunicación clandestina, necesitó al mismo tiempo  volver a la Filosofía. En 1915 escribe sus “Cuadernos filosóficos” apuntes y resúmenes de obras de filósofos clásicos  y contemporáneos. Son, sin duda, apuntes para una futura obra filosófica que nunca escribió. Volviendo a las fuentes, cerrando un círculo que es en realidad espiral en ascenso, es negación de la negación, las notas más extensas en sus “Cuadernos…” son sobre la Ciencia de la Lógica de Hegel.  

 

 

De Hegel a Octubre (X)

Hay momentos en que las grandes teorías se ponen a prueba. En Ciencias Físico naturales con precisión rigurosa en la escala demostrable y para el contexto previsto. En Ciencias Sociales sólo se verifican como grandes tendencias con idas y vueltas, en medio de las cuales, para comprender la dirección principal deben examinarse en conjunto un número suficiente de de acontecimientos e impactos: porque la vida siempre es más rica que la mejor teoría pero finalmente se rinde ante ella.

Rusia en1917 atravesaba una profunda crisis. Su participación en la Primera Guerra Mundial había demostrado al pueblo hambriento y movilizado la injusticia,  la corrupción y la ineptitud del Gobierno imperial. En las trincheras los soldados formaban sus propios soviets y se negaban a recibir otra orden que no fuera volver a su casa y a su aldea, donde sus familias pasaban hambre.

Rápidamente la burguesía industrial y los dirigentes socialista s “moderados” destituyeron al Zar, formaron un Gobierno Provisional, prometieron una Asamblea Constituyente y anunciaron que la guerra debía continuar porque Rusia debía hacer honor  a sus compromisos internacionales.

En un tren que atravesaba los campos abandonados Lenin volvía a Rusia, vía Finlandia. Sobre el vacío salón comedor escribía en papeles sueltos las  reflexiones que volcaría a sus camaradas al llegar a Petrogrado, la antigua capital imperial de San Petersburgo, donde el Gobierno burgués no podía disolver  los soviets  de obreros y soldados en rebeldía. En las aguas del Neva y del Báltico varios navíos de guerra habían sido tomados por los marinos y bajaban el pabellón imperial sustituyéndolo por la roja bandera de la revolución.

Y efectivamente había triunfado una revolución burguesa, pero el nuevo gobierno tenía más temor a una insurrección obrera que a una restauración monárquica.

La situación inédita en el marco de la Guerra Mundial iba generando en Rusia una dualidad de poderes; por un lado un Gobierno Provisional que todavía generaba expectativas y por otro lado soviets de obreros y soldados que todavía eran controlados por elementos vacilantes.

Los compañeros de Lenin, salidos de la clandestinidad, deseaban aprovechar la nueva legalidad para presentarse como partido opositor, ganar posiciones en los soviets y ejercer presión sobre el Gobierno.

Pero Lenin es una usina dialéctica de ideas. Acatar la legalidad propuesta significaría desarmar a los obreros de los soviets. El avance institucional llevaba a su contrario, al retroceso del incipiente poder obrero que aún no es consciente de su propia potencialidad.

La mesa desnuda de madera se sacude por el balanceo del tren, que aumenta su velocidad en los parajes de posibles  combates. Pero la mano de Lenin está firme. Sólo él vislumbra con claridad los embriones de las tendencias preñadas de futuro.   ¿Qué importa que los revolucionarios consecuentes todavía no sean mayoría en los soviets? La propia crisis acelerará la conciencia del pueblo organizado y armado. No hay que ver las situaciones en forma estática,  hay que percibir los movimientos en las coyunturas y en la conciencia del pueblo, ver la dialéctica del momento.  Para eso se preparó a su Partido en todos los túneles de la clandestinidad, combinados con la acción legal y de preparación insurreccional. Para eso Lenin y sus compañeros estudiaron la dialéctica de Hegel, su desarrollo materialista en Marx y Engels, su aplicación a las condiciones peculiares de Rusia. Con ellos Lenin había aprendió que la verdad es siempre concreta, que lo general se expresa de modo singular en lo individual. 

“¡Ningún apoyo al gobierno provisional!” escribe. “¡Todo el poder  a los soviets!”, proclama. Dos días después, en la terminal de trenes de Petrogrado, se subirá a una tanqueta tomada por soldados insurrectos y desde allí anuncia y aclama la inminente revolución socialista. En el Palacio de Táurida leerá sus tesis. ¡Todo e1 poder  a los soviets! repiten miles de voces obreras. Y el pueblo se echa a andar.

       

    

 

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